viernes, 22 de noviembre de 2013

MIRA SIEMPRE TUS PUNTOS FUERTES Y TRIUNFARAS

El miedo a lo desconocido.
 Dar un paso al frente es avanzar.

El miedo es una forma improductiva de interpretar las consecuencias de hechos que aún no han acaecido. Es el nefasto resultado de presuponer consecuencias negativas a una iniciativa, lo cual siempre conduce a la pasividad. Tener miedo al desenlace adverso de una acción futura conlleva eludirla antes incluso de proponer su realización. Esta precaución suele eliminar cualquier posibilidad de seguir adelante, asumiendo una decisión basada en la irrealidad.

Puede decirse que el miedo es el mayor obstáculo para instrumentar una actividad, porque anula las virtudes de las personas; las enfrenta a una situación hipotética que consume su voluntad de actuar, con independencia del argumento o motivación. Prácticamente cualquiera puede recordar cuando de pequeño se tapaba hasta la cabeza con la manta, intentando protegerse del miedo, sin tener en cuenta que se estaba entregando a la oscuridad completa. Eso en el ámbito de la acción personal o a la hora de enfrentarse a una realidad social o de emprender una nueva iniciativa es un gran inconveniente. Intentar protegerse alejándose del foco de la acción es perjudicial para cosechar resultados satisfactorios, incluso para ponerse en marcha en pos de un crecimiento, ya sea personal o profesional. No obstante, no existe un remedio eficaz para eludir las consecuencias del miedo. De camino a esa cura inexistente suele ser habitual escuchar sentencias del tipo: para vencer el miedo tienes que enfrentarte a él. Un discurso fácil de exponer pero difícil de practicar.

En el ámbito del emprendimiento el miedo es constante, porque cualquier acción que se pretende llevar a cabo, está sujeta a un análisis exhaustivo de las posibles consecuencias, de los probables contratiempos, de las dimensiones del virtual fracaso. Es natural estar atenazado por la posibilidad de poner en marcha una actividad y no poderla llevar a buen puerto. Sin embargo, mi recomendación es empezar el análisis de los elementos al revés, anteponer los puntos fuertes a los puntos débiles. Analizar primero los elementos que llevarán al éxito, identificar lo positivo, las áreas donde mejor se desenvolverá la acción, de ese modo, no quedará tiempo para ver las amenazas, siempre irreales, que impiden dar el paso al frente.

Es tan importante tener miedo como voluntad para superarlo. De hecho, si fuésemos a priorizar el miedo al valor, al arrojo, a los propios conocimientos, es probable que nunca seamos capaces de poner nada en marcha, porque siempre estaremos anteponiendo la seguridad al riesgo. Pero, lo digo por experiencia, en el riesgo está el negocio. Arriesgar es una virtud, siempre y cuando se asuma esa acción con prudencia y sentido común. Tampoco se consigue nada asumiendo riesgos innecesarios, o moviendo piezas sin mirar hacia dónde. 

UN TRABAJO ES UN BIEN ESCASO

Aprender a perdonar

“A esa persona no le perdono lo que me hizo”. Esta es una frase habitual en la vida social, aunque en esta ocasión la haya extraído del campo empresarial, ya que me lo dijo una empresaria amiga refiriéndose a una ex trabajadora con la que había acabado en los tribunales. Es una cuestión complicada el aprender a perdonar, casi nadie lo hace después de sufrir una afrenta personal.

Aprender a perdonar
@morgfuefile
En esta ocasión una vez más me encontré con la interpretación equivocada de la cercanía entre el trabajador y el empresario de la pequeña empresa. Todo suele originarse con la intención del segundo de construir un ambiente distendido y amigable donde todos pudieran sentirse involucrados para, al final, sacar el mayor rendimiento y aumentar los dividendos de la empresa. No siempre es esto posible, conseguir unir la cercanía y la productividad a veces es casi un sueño.


Por lo que me contó esta amiga empresaria, parece que una vez emprendida la marcha hacia la relación de cercanía, es habitual encontrarse con personas que intentan aprovecharse de la situación, por lo que es un verdadero error poner en sus manos informaciones sobre la intimidad de la empresa, porque cuanto más cerca esté de esa realidad, más le pierde el respeto a su trabajo y a la persona que le ha dado ese trabajo. ¿Por qué? Porque las pequeñas empresas no están libres de problemas, de estrecheces, y que un trabajador malintencionado lo sepa, no es nada bueno.

No obstante, no es sólo una cuestión de abajo hacia arriba, de trabajador hacia la empresa, sino en la misma proporción suele producirse de arriba hacia abajo. Esto ocurre cuando la empresa considera la debilidad de un trabajador como una plataforma para escenificar su descaro y se aprovecha de esa timidez para explotar a la persona, privándola de las debidas retribuciones por sus logros. Una vez que se tiene claro esto, queda la siguiente pregunta: ¿Por qué una cuestión contractual se convierte en algo personal?

Por desgracia en la pequeña empresa es imposible separar la gestión de la persona, porque el empresario suele acabar:

Asumiendo el trabajo de sus empleados. Cuando las cosas no van tan bien y los costes empiezan a superar a los beneficios, la primera opción, casi siempre es asumir tareas de los trabajadores y abaratar los costes. 

Actuando como sus empleados. Si el empresario comete el error de asumir los errores de los trabajadores, muy pronto estará rodeado de problemas, porque le costará muchos exigirles cuando él mismo no cumple con las normas de rendimiento. 

Cumpliendo como sus empleados. El comportamiento deficiente es común en un equipo de trabajo, casi siempre hay un elemento que no rinde como el resto, y si el empresario se sitúa al nivel de ese elemento deficiente, quienes más cumplían hasta entonces perderán la iniciativa y recurrirán al mínimo esfuerzo.


Una vez que los empleados ven que el jefe está en la misma situación que ellos, algunos, no todos, empiezan a cambiar de estrategia y practican un acercamiento nocivo, buscando aprovecharse de esa situación.

Como ya hemos dicho antes, esta disfunción normativa se produce en ambas direcciones, y en los dos casos es la consecuencia de una administración deficiente de los recursos. Nunca una empresa debe aprovecharse de la predisposición de sus empelados para pedirles mucho más de lo que deben, ni un empleado debe servirse de la cercanía de sus jefes para dejar de aportar lo que está obligado a hacer.

Al final el fracaso de una propuesta queda en el ámbito personal, donde cualquiera de las dos partes se sienten perjudicados. Así es difícil perdonarse. 

Y DE UN PLUMAZO , ¡¡ ZAS ¡¡ , ESTAS EN EL PARO

Hemos visto en más de una ocasión que el primer estadio después de perder una iniciativa o el puesto de trabajo suele ser la decepción. En el momento de quedar descabalgado del compromiso contractual el ataque de pesimismo es muy grande, se suele perder toda voluntad por seguir, llevándose consigo cualquier proyecto de futuro. Uno se convierte en la comida del paro. Por eso es fácil establecer, de forma global, un mapa de comportamiento del individuo en ese momento de decepción, cuya radiografía deja tres etapas bien legibles en su proceso de readaptación, como son el reposo, el bajón y el resurgir. Cada período tiene su particularidad y deben contribuir a conformar el panorama global de superación personal. 


El reposo es un momento inmediatamente posterior a encontrarse inactivo. No es una actitud reprochable, todo lo contrario; puede considerarse como un premio a tantos años de férreo esfuerzo por desarrollar las tareas del trabajo diario. Este reposo puede estar motivado por elementos sencillos que cubren las primeras necesidades, como la compensación económica recibida como liquidación que permite vivir sin trabajar por un tiempo, las prestaciones sociales derivadas de las contribuciones aportadas hasta ese, la necesidad de descansar después de tantos años detrabajo continuado, etc. Estos son elementos que, a primera vista, generan un estado de tranquilidad, aún cuando a sabiendas de que pronto se deberá volver al mercado, es natural tomarse ese tiempo de relax. 

El bajón de las expectativas se genera cuando se ha superado la primera fase y empieza a vislumbrarse un panorama completamente desconocido. Ahora ya hay un nuevo elemento que rompe la relajación inicial y es buscar fuentes de ingreso. La economía de resistencia está a punto de acabar, los meses han transcurrido demasiado rápido, incluso el mercado de dónde se ha salido brevemente ha cambiado a una velocidad de vértigo y el primer contacto sólo sirve para salir escupido de cualquier intento de acercamiento. A partir de ese momento las sensaciones son demoledoras, predomina un panorama de soledad que conduce a las personas a verlo todo de forma negativa. Pareciera como si de repente todos los amigos, conocidos, antiguos clientes, se hayan alejado a propósito para no contagiarse de esa peste de inactividad que uno lleva escrito en la frente. ¿Qué hago ahora?
comida del paro
@morguefile
El resurgir debe ser el camino. No es una tarea menor de todas las que se deberá afrontar, y sólo se puede resurgir con mentalidad creativa. No se trata de crear algo, sino de utilizar la creatividad para eludir los malos momentos, para desdibujar el pesimismo y entregarse a nuevas actividades. Incluso el entorno más cercano debe cambiar si eso va a contribuir a regenerar las perspectivas. Cuando surgen los problemas los amigos se alejan, por lo tanto no es recomendable volver a ellos si existe la posibilidad de mejorar, ellos seguirán alejándose con el menor indicio de dificultad. El problema de un elemento particularísimo de las personas, una de las pocas cosas que es difícil de compartir. Las alegrías, los logros, las ideas, todas son compartibles entre las personas, pero el problema prácticamente siempre debe asumirlo el que lo padece y en soledad.

Si la persona es escupida del mercado sólo le quedarán dos caminos posibles: la resignación o la iluminación. Y debo decir que es infinitamente mejor predisponerse a lo segundo que a lo primero, porque la iluminación abre las puertas a nuevos horizontes.

LLEVAR UNA EMPRESA TIENE MAS SACRIFICIOS DE LO QUE PENSAIS

Cuidado con el tonto motivado

Muchos asumen sin saber el qué.


La frase exacta de Emilio Duró es: un tonto motivado es muy peligroso porque puede hundir una empresa. Describe con manifiesta exactitud dónde nos encontramos hoy en día, sobre todo en el campo empresarial. ¿Cuántos tontos motivados asesoran a las grandes empresas, o deciden en grandes proyectos? Basta como prueba noticias o titulares como ésta: El 30% de los proyectos de diversificación en los que invirtió Hunosa para reactivar las comarcas mineras han fracasado. O este otro titular: El despilfarro español: Proyectos que costaron millones... y fracasaron. Esta realidad no la inventamos nosotros, sino quienes asumen responsabilidades sin estar preparados para hacerlo. He conocido a muchas personas de altísima responsabilidad asumir, por ejemplo, área de cultura sin tener ni idea de los movimientos culturales del momento. A lo que nos lleva esto es a mirar con cierta inquietud la disimilitud de consecuencias perteneciendo a una capa social u otra. Porque estas personas casi nunca pagan por sus errores.

Sin embargo, sin lugar a dudas, España es un país donde se penaliza el fracaso para otros sectores sociales. Y es una cuestión cultural, este es sólo un ejemplo trivial que trasladado al campo global, a la sociedad actual, es la base sobre la que se fomenta la creatividad. Estamos comprometidos con un sistema que no admite ningún error; si creas una empresa y fracasas, además de las deudas, te queda el estigma de fracasado que, por desgracia, viaja con la persona si se aventura a buscarse nuevos horizontes o nuevos apoyos. ¿Por qué en otros países se considera el fracaso un aprendizaje? Entiendo menos por qué aquí pasa lo contrario.

No obstante, sería injusto no reconocer que abundan en el mercado de la creatividad los ineptos profesionales con suerte, o mejor dicho, bien posicionados. Son los denominados en lengua de calle como los que tienen la vida resuelta. Estos en lugar de asumir la iniciativa ajena como un bien social, suelen precipitarse en acondicionar su idea para hacer algo más grande de lo que acaba de oír. Para mí el peor momento es ese donde cuentas tus intenciones, tus propósitos, y el interlocutor explica su iniciativa que supera 20 veces a la tuya, y sólo actuando sobre la marcha. En ese momento me suele asaltar una gran decepción, porque pareciera como si lo que has planeado durante tanto tiempo, análisis tras análisis, no tiene ningún valor y cualquiera lo puede superar.

Suelo interpretar una actitud como esa como una falta de respeto. Desfigurar la propuesta ajena para hacer entender que la tuya es mucho mejor es un error imperdonable, una muestra de no haber entendido nada de lo que acabas de escuchar. En esta vida no es todo ponerse encima del otro, no es todo tener la propuesta más grande que nuestros semejantes.

Foto de Steve Evans. flickr.com
Así se han despeñado un montón de empresarios que han empezado sacando pecho con su propuesta cómo si nada fuese a derribarlos, pero tanto las empresas y las personas avanzan por un trayecto tan angosto que en cualquier momento pueden salirse de la vía. Pero ahí no debe acabar el mundo. Hace años leí este titular buscando información sobre gestión de pequeñas empresas: El 80% de las pymes fracasa antes de los cinco años y el 90% no llega a los diez años.  Ya hemos dicho cientos de veces que con tener una idea no es suficiente para poner en marcha una empresa, porque sin el conocimiento adecuado, sin el análisis de gastos y beneficios, sin un plan de adaptación al entorno donde se pretende actuar, conocimientos de posibles proveedores, etc., es como navegar en un barco sin timón, desafiando a la suerte.


Al final me conformo con saber que cada uno escoge lo que quiere vivir, por lo tanto asumir un compromiso de competición con las iniciativas de otros es equivocar el camino, y de paso se emborrona la felicidad ajena con la ingratitud y la falta de respeto.

EVOLUCIONAR POR NUESTRAS IDEAS ES POSIBLE

Referirse a la ingente cantidad de opiniones que pululan por todos lados a cada segundo, es una misión imposible. Es tanta la información que recibimos a diario que, muchas veces, las más importantes pasan desapercibidas a nuestro interés o nuestra valoración, sin embargo, no por ello, tienen menor influencia en nuestra realidad. Al mismo tiempo que recibimos esta lluvia de opiniones, consejos, análisis, etc., vamos formando nuestra propia idea sin mirar las fuentes de opinión. Es este el motivo que me empuja a formular algunas preguntas.

¿Existe credibilidad en ellas? Realmente es preocupante la proliferación de pequeños mesías de la crisis que nos lanzan mensajes, de todo tipo, cómo si fuesen a solucionar algo. Sin embargo, a medida que revisamos las fuentes de información, podemos darnos cuenta de que muchos son los que hablan de la crisis o de las personas que la padecen, sin siquiera tener contacto con la realidad que azota a las familias o a las personas individuales. Se erigen en portavoces de grupos de afectados con los que no tienen nada en común, acaso sólo la ciudadanía, pero nada más. Es decepcionante asistir a este mercadillo de la hipocresía, donde de la noche a la mañana surgen políticos que cayeron en desgracia en el pasado y hoy llenan el plató de las televisiones, hablando de la solución de la crisis como si ellos nunca formasen parte del problema. Pero todo se aclara a los pocos minutos, cada uno de ellos al final de sus mensajes mesiánicos aluden a sus libros o sus propuestas personales. Es todo lo que les mueve.

¿Y las palabras de los afectados? Ellos no tienen palabras. Prácticamente no existe un foro público donde pueda expresarse un emprendedor, un desahuciado, un parado de larga duración. Todos hablan de ellos, pero nadie les da una silla en ese plató donde se debate sus problemas. Una vez más he asistido en estos días a un encuentro donde se debatía la realidad de los pequeños empresarios y, ya no es casualidad, allí no había ningún pequeño empresario, pero sí los señores financiadores, empleados de banca o grandes ejecutivos que contaban sus experiencias y analizaban una realidad con la que no han tenido contacto en su vida. ¡Me habría gustado haber tenido la posibilidad de decir algo! Eso nunca es posible.

¿Es ésta la sociedad que buscamos? Yo no. Prefiero una sociedad donde todos podamos interactuar libremente, donde las iniciativas personales tengan valor y apoyo, donde los emprendedores reciban reconocimientos, donde nadie sea desahuciado de su casa ni despedido injustamente de su puesto de trabajo. Ahora diréis, este está loco, es un populista. Por suerte para mí no soy peor que las fuentes de opinión que dominan nuestros tiempos.