miércoles, 29 de agosto de 2012

TENEMOS QUE SALIR POR PIES DEL EURO , ANTES DE QUE SEA TARDE

Cada día tengo más claro que la moneda única va a estallar por los aires. Si analizamos el comportamiento de nuestros gobernantes frente a la crisis, tanto del gobierno anterior como el de éste, vemos que estamos en manos de una gente sin escrúpulos que hacen todo lo que se les impone desde Bruselas, y que, en realidad, no saben ni por donde tirar. Pero si gente como Montoro o De Guindos, o Rato, negaron que hubiera una burbuja inmobiliaria. Y ahora nos van a sacar de la crisis con medidas que nos llevan a la Depresión. ¡Increíble!
Lo dicho, el euro no tiene futuro, es cuestión de tiempo, quizás de menos tiempo del que pensamos. Y, desde luego, España será uno de los primeros en salir tras Grecia. La compra de bonos en el mercado secundario ya se hizo en agosto del año pasado, a cambio de las durísimas medidas impuestas en la famosa carta secreta del BCE del 5 de agosto. Por entonces, el gobierno Zapatero logró campear el temporal gracias a su principal golpe de efecto, que fue la reforma exprés de la Constitución. Por entonces la prima de riesgo estaba por debajo de los 400 puntos básicos. ¿Y cómo estamos hoy? ¿Va a solucionar algo la intervención del BCE en los mercados secundarios? Pues no, será ponerle un freno a lo que se nos viene encima, es decir, la precipitada caída hacia el abismo. Yo creo que la salida de España del euro cuanto antes, por duro que sea, sería la mejor opción, puesto que cuanto más tarde, peor.
Por cierto, y dado lo mentiroso que es nuestro presidente, eso de que insista y recalque tanto lo de la irreversibilidad del euro, da que pensar, ¿o no?..
Que Dios nos coja confesados

martes, 14 de agosto de 2012

SOMOS UNOS PARDILLOS

Ya son habituales las iniciativas políticas consistentes en privilegiar a los inmigrantes en detrimento de los españoles en multitud de ámbitos: preeminencia de los niños extranjeros sobre los españoles a la hora de optar a una plaza en una guardería pública o a una beca de comedor en un colegio público (pagado con el dinero de esos mismos españoles a quienes se veda el acceso), cupo reservado para inmigrantes en las viviendas de protección oficial, menú especial para los moritos en los colegios (mientras a los niños españoles les ponen cerdo, los sarracenitos comen cordero o ternera), exención de impuestos a los comercios chinos en perjuicio de los españoles, etc...

Todos hemos podido deleitarnos con las imágenes de Esperanza Aguirre disfrazada de Mami Panchita inaugurando algún centro ecuatoriano o similar, con Ruiz Gallardón regalando edificios históricos a alguna asociación musulmana o con el Ayuntamiento de Sevilla facilitando los terrenos para la construcción de una gigantesca mezquita. Al parecer, en este corral inane antes llamado España, el tirar piedras al propio tejado es algo políticamente correcto y bien visto. La falta de escrúpulos de los políticos explica este afán por salir en la foto haciendo cualquier payasada que les produzca algún rédito electoral.

El que la derecha giliberal aplauda y fomente la inmigración tiene su lógica en el esquema decimonónico de la economía capitalista, basada en el libre mercado y cuyo único argumento para combatir la crisis radica en abaratar aún más el despido y en congelar los salarios, es decir, en precarizar el mercado laboral (si les dejaran, volverían a emplear a los niños en las minas y a la jornada de catorce horas aunque, eso sí, con un montón de derechos teóricos en su legislación). Es obvio que el actual exceso de mano de obra inmigrante favorece esta concepción económica.

Lo que se entiende menos es la complicidad de la progresía en esta maniobra. Es precisamente la izquierda, con sus nuevos dogmas como la Alianza de Civilizaciones y la multiculturalidad, la que más está fomentando el papanatismo y la falta de respuesta ante la invasión inmigrante.

Los sindicatos, convertidos en meras estructuras parasitarias del erario, son una simple burocracia paralela cuya misión, en lugar de defender los derechos de los trabajadores, consiste en utilizar a éstos como peones en las diversas campañas partidistas.

En el tabú de la inmigración, ambas corrientes están de acuerdo. Cualquiera que se atreva a poner sobre el tapete este problema es automáticamente descalificado como interlocutor y anatemizado como xenófobo o racista.

Ante la gravedad de la situación actual, es hora de romper los tabúes y proclamar a los cuatro vientos que no es que haya cuatro millones de parados. Es que sobran cuatro millones de inmigrantes. Y unos cuantos miles de aprovechados y parásitos que viven como sultanes a costa de nuestros impuestos. O como reyes.