La humanidad va perdiendose cada dia que pasa y las situaciones de los mas desfavorecidos , parece no nos interesan en absoluto ..
En occidente no cesaremos de vanagloriarnos por nuestras conspicuas aportaciones a la civilización, al arte y a la ciencia, de nuestro envidiado bienestar, de nuestra superioridad ética sobre otras culturas, de nuestra venerada tolerancia…, y rara vez emprenderemos un proceso catártico que se traduzca en un arrepentimiento auténtico, en una petición sincera de perdón a todos los hombres y mujeres del Tercer Mundo que han padecido las consecuencias de nuestra soberbia, de nuestra apetencia descomedida de poder y de riqueza, afligidos por la explotación y la esclavitud, por la humillación tan profunda a la que han sido expuestos por parte de los antepasados de quienes hoy se enorgullecen de glorias pretéritas y se inquietan, desconsoladamente, ante la paulatina pérdida de influencia de un occidente que tanto sufrimiento ha impuesto sobre los demás pueblos a lo largo de los siglos…
En nuestros países nos preocupa saber quién es el primero en tal o cual faceta de la vida, o qué nación lidera el mundo en tal o cual aspecto, pero lo que habría de interpelarnos verdaderamente no es el refulgir insípido de los primeros, de los que ya ostentan suficiente reconocimiento y pueden valerse por sí mismos, sino la agonía doliente de los últimos. Ignoro si los últimos serán los primeros, y si los primeros llegarán a ser los últimos, pero me desasosiega tenazmente que mi pensamiento se vea cautivo de los primeros, y sólo reflexione sobre ellos, y expulse de sus confines a los últimos. No quiero capturar mi imaginación en los primeros, sino en los últimos, y ansío, quizás ingenuamente, exiliar de mi conciencia la opresora sombra de los primeros, y me deje conquistar por el viento plácido que exhalan los últimos. Sólo deseo pensar en los últimos, y es éste un anhelo honesto y no demagógico, pues incluso desde una óptica agriamente egoísta, el simple hecho de desprenderse de la penumbra tan horrenda que genera la ambición de convertirse en el primero procura una dosis inmerecida de felicidad, máxime cuando uno se siente circundado por millones de personas que jamás podrán acoger una aspiración semejante, secuestrados sus ímpetus por unas necesidades materiales que vetan, inmisericordes, todo proyecto destinado a rebasar los rígidos umbrales que permiten que florezca, en todo su esplendor, ese verde y dorado árbol de la vida sobre el que tan hondamente meditara Goethe..
Y aun asi , la vida sigue su curso , con paso firme y sin mirar atras
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