Pero sí que tiene sentido la pasividad de la Unión Europea frente a la inmigración europea, es más, está fomentada por ella.
El otro día me vino a la cabeza la expresión “andar de la ceca a la meca” y eso es exactamente lo que está pasando en Europa. Estamos como pollos sin cabeza, de aquí para allí sin un rumbo y sin una motivación,(al menos la generalidad de los ciudadanos de a pie), porque nuestros líderes se vendieron hace tiempo a los petrodólares de los países árabes y al libre comercio. Las palabras patria, patriotismo no significan demasiado para mucha gente y aquellos que las emplean son tildados inevitablemente de fascistas, xenófobos o racistas. Ya solamente importa el dinero y el sálvese quien pueda.
Resulta que la Unión Europea surge en los 50 bajo la forma de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), curiosamente bajo la dirección de Francia y Alemania, que (bonita coincidencia) son los que cortan hoy también el bacalao en la Unión Europea. Después se paso a la CEE (Comunidad Económica Europea), también en los 50, que pasó a fusionarse en 1965 con la CECA.
Con todo esto lo que quiero recalcar es que la Unión Europea, surgida exclusivamente con fines económicos, ha pasado a convertirse en un monstruo que gobierna los destinos y directrices de los países miembros con un único fin: “la libre circulación de personas y mercancías”. ¿No era eso lo que nos dijeron?
Me recuerda a los tiempos del absolutismo en los que se decía: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Se supone que las normativas europeas se deberían hacer para el bien de los europeos, pero todos sabemos que esto no es así. Lo que se pretende es dotar de más derechos a los extranjeros que a los autóctonos y fomentar la entrada de inmigrantes para conseguir un doble objetivo: abaratar los sueldos y destruir los nacionalismos, los sentimientos de pertenencia nacional que volverían a levantar unas fronteras incómodas para el libre comercio en Europa que desfavorecería a grandes empresas, a la banca y a todo el status quo político y financiero.
En nuestro país tenemos un buen ejemplo de la cleptocracia reinante entre nuestros gobernantes, de la corrupción y de la incompetencia judicial. Esto es extrapolable también al resto de la Unión Europea en mayor o menor medida. Todo esto sucede porque los políticos no se preocupan por sus ciudadanos sino por enriquecerse y sacar todo lo que puedan del ellos, que son los que en última instancia sufragan los impuestos (los que tienen suerte de trabajar y poder hacerlo, claro).
Todo esto hace que, unido al sometimiento de la Unión Europea al dictado de los países islámicos (no es de extrañar que Cataluña, donde el predominio de musulmanes es cada vez mayor, el Barça lleva el patrocinio de Qatar Foundation en sus camisetas. No es de extrañar tampoco que se le llame también Qataruña en lugar de Cataluña), cada vez veamos más inmigración musulmana, más mezquitas, más fundamentalismo, más atentados, más carnicerías halal, mayor presencia e influencia del islamismo en nuestros países, que sólo puede llevar a un nuevo enfrentamiento con el islam como el que vimos en nuestro país desde el 711, porque el islam busca el sometimiento y está frontalmente enfrentado a la democracia.
En fin, parece que la expresión “andar de la ceca a la meca” adquiere un nuevo significado, ya que partiendo de la Comunidad Ecónomica del Carbón y del Acero hemos tomado un camino que nos acerca inexorablemente a la Meca de la mano de la Unión Europea, que hará que aproximadamente para finales de este siglo (si no antes) Europa no sea nunca más Europa sino Eurabia. Seremos parte del califato universal y nuestros descendientes agacharán las corvas cinco veces al día para practicar el salat
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