lunes, 1 de octubre de 2012

TODOS HEMOS SIDO INMIGRANTES ....PERO

Vaya, el tema pendiente. Escribo desde Lanzarote. Imposible sustraerse. Intentaré decir lo que pienso sin hacer, como siempre, de abogado del diablo. Pero temo que me extenderé demasiado.
He vivido con relativa cercanía la tragedia de las pateras y el desarraigo que genera en los inmigrantes encontrarse en la puerta de Europa y ver fracasar sus sueños, mientras su familia al otro lado del mar los considera unos triunfadores. Recuerdo bien la década de los 90 y la de los 2000. Los primeros llegaron con pasaporte de turista y eran jóvenes estudiantes universitarios, trabajadores temporales que gastaban gran parte de su dinero en libros y volvían a casa tras la campaña, esperando el año siguiente. Luego, la zona de donde procedo vio llegar las pateras día tras día, con sus tragedias humanas, con sus historias terribles encima. Empapados y muertos de miedo y frío, temblorosos por el pánico a encontrarse con la guardia civil, apostando su desesperación a la piedad y la compasión que pudieran inspirar en la primera persona que encontraban, agradecidos ante el menor trato como seres humanos. Pies llagados de caminar descalzos entre las dunas, para mantener limpios y secos el único par con el que llegaban, envueltos en una bolsa de plástico, junto a la documentación. Miradas huidizas y temblorosas. Muchos no sabían leer ni escribir y apenas hablaban un francés o un inglés duro de reconocer… La tensión hasta que conseguían los papeles, en ocasiones comprados o falsificados… Los momentos de desesperación, de angustia, las alegrías, la nostalgia, la admiración, la soledad, la incertidumbre, los sentimientos encontrados, los sueños inalcanzables, el orgullo que les hacía dejar de comer para mandar dinero a casa, para que nadie allí sospechara que no les iba tan bien como ellos esperaban…
Aquí, pese a lo que se ha dicho a lo largo de los años y de las cosas que han pasado, se los acogió al principio con el corazón conmovido, con la frase de Virgilio que has mencionado. Hoy me emociona ver jugar en los parques niños de todas procedencias mezclados entre sí hablando castellano, grupos de adolescentes de todos colores, un equipo de baloncesto que parece de la NBA, amigos blancos y negros juntos… Esa es la parte que no viví… Y he visto gente de fuera arrugar la nariz sorprendida por ver una mayor cantidad de extranjeros que de españoles por las calles: “Parece África”. “¿Y?”, pregunto yo. Nadie contesta.
Pero, en aquellos años, todos aquí veíamos los problemas que se avecinaban, sabíamos que se estaba gestando un conflicto social, y nadie quiso oírlo. Los gobiernos españoles, los autonómicos, los estatales, hicieron lo mínimo para tapar el problema, en lugar de plantearse en serio solucionarlo. Es cierta no obstante la diferencia: los gobiernos conservadores azuzaron la xenofobia con una mano mientras con la otra se servían de su mano de obra barata para los trabajos desagradables y de su fecundidad como herramienta contra la crisis demográfica. Los progresistas intentaron defender y proteger los derechos de los inmigrantes, con buena voluntad, a menudo con impericia, siempre tarde. Se cometieron demasiados errores, por rédito electoral y por dejadez .
Ahora nos enfrentamos a una inmigracion totalmente descontrolada , con mezclas religiosas que condicionan su buena integracion y con una vaca totalmente seca para mantener a todos ..Pinta mal

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