Los
mismos economistas, los mismos gurú y
santones del mundo financiero, los mismos reputados Organismos e Instituciones
internacionales, las mismas Agencias de Riesgo, que hasta mediados del
año
2007 vaticinaban y auguraban un crecimiento envidiable de la economía,
que ni vieron venir la crisis, ni acertaron en sus vaticinios y es más
con su exceso de optimismo, su falta de profesionalidad y su ineptitud, cuando
no vergonzante dependencia clientelil, potenciaron la magnitud del desastre, hoy
son quienes, sin ningún
tipo de rubor auguran y vaticinan todo lo contrario, y es más,
en el caso de las Agencias de Riesgo, se atreven a valorar y censurar
actuaciones de Gobiernos e Instituciones.
¿Por
qué
ahora vamos a creer en ellos? Deberían
haber pedido perdón
y en el mejor de los supuestos haber buscado responsabilidades,
depurándolas
al máximo.
Solo
valen sus consejos a los de siempre, a quienes con su cerril e intransigente
visión
política,
su insolidaridad y avaricia son capaces de todo antes que ceder un mínimo
de privilegios, oligárquicamente
obtenidos y cruentamente en muchos casos defendidos.
Son
los mismos causantes del problema, una mínima
parte de la población,
un escaso uno por ciento de la población
del planeta, que poseen, generación
en generación,
del capital y los medios de producción,
quienes hoy, vuelven a presentarse como solución
a los problemas por ellos creados, utilizando y movilizando todos los medios a
su alcance, muy poderosos por cierto, desde centros de opinión,
medios de comunicación
y partidos políticos,
desde los que inciden electoralmente sobre estratos bastantes amplios de la
ciudadanía,
aprovechándose
de su buena fe.
Pero
decíamos
que vamos a centrarnos en nuestro tiempo para intentar aportar soluciones e
ideas a futuro, y vamos a hacerlo:
Partimos
de una premisa que creemos poco cuestionable. Vivimos en un mundo globalizado en
todas sus facetas, ninguna aldea se puede aislar de su dependencia global, por
tanto los problemas y soluciones, en mayor o menos medida nos conciernen a todos
y lamentablemente no vemos que nadie pueda escapar a esto por sí
solo.
Ante
un mundo que cambia, la primera reacción
suele ser anclarse al pasado, aferrarse a formulas antes probadas y este es el
primer error de partida; surgen voces, con mejores o peores intenciones de
llamada para atrás.
Las
llamadas al nacionalismo a ultranza, al proteccionismo, al cierre de fronteras,
a buscar culpabilidad en el otro, el que viene a cambiar mi forma de vida, en
definitiva la vuelta al populismo de fácil
calado en una población
cada vez mas amedrentada, intenta convencernos en volver al pasado para arreglar
el futuro.
Habíamos
dicho antes que curiosamente los Imperios que en el mundo han sido, con pocas
excepciones (como por ejemplo el Romano) han durado una centuria, y si
analizamos la historia, siempre en su último
tercio se fueron marcando grietas que anunciaban su periodo de decadencia y
sustitución.
Ante
dichos síntomas,
también
resalta una curiosidad, nunca optaron por intentar pactar y compartir,
simplemente aguantaron hasta caer.
Debiéramos
todos aprender de ello, pues la humanidad no parece querer incidir en soluciones
violentas, aunque a veces resulte difícil
de entender observando nuestro entorno y las tensas relaciones a lo largo y
ancho del orbe. Pero hemos dicho que queremos intentar avanzar en el camino de
nuevas opciones y vamos allá.
Para
todos debe ser una obviedad que la ultima locomotora económica
del mundo moderno, hasta nuestros días,
ha sido EE.UU. El problema es que, además
y en función
de ello, tenía
que ser gendarme y juez.
Ello
viene, históricamente,
minando y lastrando su capacidad financiera de forma cada vez más
apremiante.
Es
normal por eso, que hubiera una especie de acuerdo tácito
de orden internacional en cuanto a que su moneda, el dólar,
fuese y sea el patrón
de referencia.
Pero
claro, ya que la actividad bélica
hay que financiarla, con todo lo que ello comporta, entre otras y como la parte
más
triste y cruel la de pérdidas
humanas, que menos que hacer la vista gorda al real valor de su
moneda.
Se
calcula que la cantidad de dólares
falsos nunca bajó
del 25 % sobre el circulante en cada momento. Si añadimos
los cuantiosos gastos militares y aeroespaciales, no nos será
difícil
comprender que el déficit
lleve años
superando récord;
para el año
2010, los más
optimistas, calculaban 1,56 billones de dólares
(10,60 % del PIB), la realidad superó
el 13 % del PIB.
Y
saben cómo
se logra cuadrar el círculo
para aguantar año
tras año,
pues es fácil,
la vieja fórmula
pero al revés.
Siendo la moneda de referencia y cambio no debo devaluar, tengo que demostrar
fortaleza, bueno pues le doy a la maquinilla y arreglado.
Al
fin y al cabo es la teoría
del helicóptero
de Keynes con la variante de lanzarlos sobre todo el mundo en vez de sobre Nueva
York. No se nota y quien lo note que me pida explicaciones que le
diré,
“de
acuerdo, pero a partir de ahora pon tu también
guardias y pólvora”.
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