“No hay dinero” Otra machacona y repetitiva máxima de los responsables del
fiasco financiero ¿Es eso cierto? Nada más lejos de la realidad. Hemos visto que
el dinero negado a los Estados y a las personas es entregado por billones – sin
reparos y sin control – a los bancos. Que los bancos, las grandes fortunas y
empresas – altamente subvencionadas con dinero público – han desviado 21
billones de dólares a los Paraísos Fiscales.
Que en el caso de España
se defraudan 88.500 millones anuales; que el 23,3% de la economía española no se
declara (244.000 millones); que las grandes fortunas tributan al 1% y han visto
como desaparecían o se reducían los impuestos de Donaciones, Sucesiones o
Patrimonio; que las grandes empresas defraudan vía paraísos fiscales miles de
millones o, directamente, como Apple u otras no tributan.
En España,
se han reducido los impuestos a las grandes empresas y a las clases altas – a
las que corresponde la responsabilidad del 72% del fraude fiscal – e, incluso,
se ha producido una amnistía fiscal para favorecerles y no perseguir estos
delitos; mientras, se suben los impuestos, se bajan los salarios y se reducen
los servicios públicos a los trabajadores.
Por tanto, el problema de
España no es el exceso de gasto público, sino los paupérrimos ingresos del
Estado – aunque seamos el 4º país europeo con los impuestos más altos – que se
debe a que las élites económicas y empresariales españolas, prácticamente, no
pagan impuestos.
España recauda el equivalente al 34% de su PIB, el
promedio de la UE-15 alcanza el 44% y en Suecia llegan al 54%. Esto es un
ejemplo palmario de la consecuente diferencia en el nivel de vida y los
servicios públicos que nos separa.
Si España tuviera una política
tributaria como la sueca – que persiguiera el fraude fiscal y los privilegios de
una minoría multimillonaria – España ingresaría cerca de 200.000 millones de
euros anuales más.
Esta reducción de ingresos del Estado tiene como
objetivo que las mismas personas beneficiadas por reducciones de impuestos,
cuando no, directamente, por favorecer el fraude fiscal, sean quienes, luego,
financien al Estado mediante la compra de deuda pública por la que reciben
onerosos intereses. No sólo no pagan impuestos, sino que reciben
intereses…
La afirmación exculpatoria que algunos esgrimen: ‘Hemos
vivido como ricos’, no parece consistente. Desde la llegada del euro la cesta de
la compra ha subido más de un 50%, la vivienda se ha encarecido desde 1997 un
500% y los salarios medios reales han bajado desde 1994 más de un 10%.
La verdad es que nos han hecho creer que éramos ricos, han fomentado
el endeudamiento para compensar que nos empobrecíamos rápidamente y teníamos que
pedir prestamos para acceder a bienes básicos – es cierto, que algunos, a no tan
básicos –. Empero, necesarios para el funcionamiento de esta ‘economía
suicida’.
¿La gente no trabaja porque no quiere? No, es cierto. En
2008, había trabajo y teníamos prácticamente pleno empleo. No hay que confundir
trabajo con explotación laboral. Trabajar 8 horas por 400 euros no es un trabajo
y, además, no da ni para vivir.
Del mismo modo, hay que resaltar que
a menores salarios, la población será más pobre, el país obtendrá menores
ingresos, siendo a su vez más pobre y los beneficios repercutirán, únicamente,
en una minoría.
Por ejemplo, de los jóvenes más del 50% se encuentra
en paro y 3/4 partes de los que están trabajando lo hacen por menos del Salario
Mínimo ¿Qué familia o persona puede vivir con estos recursos? Las personas que
están de acuerdo con estos salarios de miseria deberían trabajar por ellos dando
ejemplo y no moralina.
Ante los comentarios tan poco meditados que se
realizan denigrando la situación de los parados podemos recordar la bendición
que supone este estado con el aumento resultante de la ansiedad, la dependencia,
el estrés, los sentimientos de humillación, la pobreza, la malnutrición, la
muerte precoz, los suicidios, etc.
El trabajo no lo crean las
reformas laborales. El trabajo se crea invirtiendo recursos económicos. Con la
última reforma laboral, no sólo, no se ha creado empleo, sino que, se ha
acelerado su destrucción. Los ERE pactados han crecido un 72%, los no pactados
un 782% y las personas afectadas por ellos un 50%.
El objetivo de la
Reforma Laboral no ha sido crear empleo, porque, ninguna reforma crea empleo,
sino abaratar el despido, empeorar las condiciones laborales y acabar con los
derechos laborales con la intención de crear una mano de obra barata, abundante,
sumisa y desprotegida.
Crear empleo no tiene mayor dificultad que
diseñar e implementar un plan de política económica e industrial a largo plazo
que fomente el mercado interno – que crea más empleo y más riqueza que la
exportación – y la calidad de los procesos y productos – nunca, esencialmente,
la cantidad –. Esta política se debería realizar con una alta inversión pública
que podría realizarse liberando recursos económicos ¿De dónde?
De los
intereses de una deuda que es ‘ilegitima u odiosa’ – término acuñado por EEUU
para deudas obtenidas mediante mecanismos de extorsión, corrupción y fraude –.
Estos intereses ascenderán a 40.000 millones en 2013 – 10.000 millones más que
este año – que suponen un enorme trasvase de riqueza a bancos y grandes
fortunas.
Reestructurando y elevando el gasto público español
deberíamos invertir 20 puntos más del PIB en gasto social, hasta igualar éste
con nuestro nivel de riqueza. Supondrían alrededor de 66.000 millones más y
podríamos crear hasta 5.000.000 de empleos de calidad dedicados al bienestar de
las personas.
Creando empleo podríamos liberar el dinero destinado a
las prestaciones de desempleo y subsidios – unos 30.000 millones – para otros
usos y, elevando la tasa de empleo a niveles de países como los nórdicos – que
tienen altos niveles gasto público y social – podríamos conseguir que más
personas cotizarán a la seguridad social.
El Estado español está
infrafinanciado en relación a sus recursos económicos, por eso no crea empleo:
Si tuviéramos un sistema impositivo justo y distributivo lograríamos cerca de
200.000 millones más; si persiguiéramos el fraude fiscal obtendríamos otros
88.500 millones; y, si no se fuera permisivo con la economía sumergida otros
100.000 millones.
Por tanto, el problema no es que no haya dinero –
como repiten interesadamente ocultando la verdad –, sino que lo posee una
minoría que no invierte en la economía productiva sino que se dedica a la
especulación financiera e inmobiliaria y, además, nos financia mediante la deuda
pública con un dinero que ha defraudado al Estado.
Cuando se habla de
productividad y competitividad se está hablando, realmente, de precariedad
laboral, bajos salarios, jornadas laborales más largas, perdida de derechos
laborales y sociales. Producir más, con menos personas, por menos dinero. En
España, en los últimos años, de las ganancias en productividad sólo un 25% ha
repercutido en los trabajadores.
Un país desarrollado nunca podrá
competir con las condiciones de explotación y semiesclavitud que imponen las
transnacionales europeas y norteamericanas en Asia o América.
Se dice
que hay que trabajar más, pero no es cierto. Trabajar más para producir más
hasta que hayamos esquilmado los recursos de planeta y éste sea un lugar
inhabitable. Ese tipo de economía productivista y consumista, infantilizada y
sin limites, es un sin sentido y un camino cierto al desastre.
Lo
lógico sería vivir con moderación, trabajar menos horas, repartir el trabajo y
que las ganancias alcanzadas en productividad – está ha crecido casi un 700% a
largo de los últimos 110 años – debido a la inversión en tecnología con dinero
público repercutiera en el bienestar y la calidad de vida de la mayoría de la
población y no sólo en el enriquecimiento de una minoría que ha acaparado los
bienes de todos.
Si hace más de 100 años se consiguió en los países
más ricos mediante arduas luchas obreras un paso hacia la implantación de la
jornada laboral de 8 horas – aunque los empresarios capitalistas hubieran
deseado continuar con jornadas de 14 y 16 horas – ¿Cómo podemos seguir
trabajando las mismas horas o tender a trabajar más con las ganancias en
productividad que se han producido?
¿España tiene muchos empleados
públicos? Los datos vuelven a desmentir a la propaganda: en España trabaja en
los servicios públicos un 10% de la población, en la UE-15 un 15% y en Suecia
casi un 25%.
Se está atacando el honor de los funcionarios públicos
como una táctica para colonizar y privatizar las Administraciones Públicas por
intereses privados que quieren colocar a sus redes clientelares y familiares.
Son los salarios de estos sujetos enchufados y colocados a dedo, que superan en
un 35% los salarios medios de los funcionarios lo que sale caro, realmente, muy
caro.
Cuando se habla de la mayor rentabilidad de las empresas
privatizadas olvidamos que es una rentabilidad obtenida a costa de los derechos
laborales y sociales de trabajadores y usuarios que, únicamente, supone un
trasvase de beneficios de todos los ciudadanos a una minoría.
Es el
Estado – todos los ciudadanos – el que ha asumido los riesgos y los costes de la
inversión de estas empresas e infraestructuras, siendo luego una minoría que no
ha soportado ningún tipo de riesgo quien salga favorecida con la privatización
de empresas rentables y saneadas a precio de saldo.
Las
privatizaciones han favorecido la aparición de grandes monopolios privados con
la consecuente situación de dependencia, subidas de precios, la destrucción del
tejido productivo local, deslocalización de industrias, pérdida de ingresos
públicos y el aumento del desempleo.
Por ejemplo, por cada empleo
precario creado en una gran superficie se destruyen 5 empleos estables en el
pequeño comercio. Además, el monopolio favorece los abusos de poder por parte de
las grandes empresas como que del agricultor al consumidor los precios de los
productos se eleven un 400%, pudiendo llegar, incluso, al 1.000%; o que más del
60% del beneficio del precio del productos se lo queden las grandes
superficies.
En el caso de España podemos ver como con la
privatizaciones estamos sufriendo los precios de la gasolina, del gas, de la
electricidad – ha subido un 80% en los últimos 7 años y va a subir con la nueva
reforma otro 25% – y de las telecomunicaciones – cuyas tarifas más que duplican
la media europea – más costosos y los servicios de peor calidad de
Europa.
¿Los empleados públicos son poco productivos? ¿Solo la
iniciativa privada fomenta el crecimiento? España tiene más empresarios y
autónomos – un 10,64 de la población – que el promedio europeo, un 9,78%. En
países más competitivos y eficientes que España el número de empleados públicos
dobla y triplica al de empresarios: Dinamarca, 26%; Finlandia, 19% o Suecia un
25%.
Aun tomando los eslóganes neoliberales como ‘El excesivo gasto
público y social lastra la competitividad y el crecimiento’, el caso de los
países del norte de Europa es paradigmático. Por ejemplo, Suecia tiene un gasto
público cercano al 53%, Dinamarca al 58% o Francia 57%. En cambio, España no
llega al 44%.
El Gasto Público es esencial en las economías más
desarrolladas. De él, depende la inversión en educación, sanidad,
telecomunicaciones, energía, creación de empleo, ciencia, I +D,
infraestructuras, etc. Que de otra forma serían imposibles.
Además,
del gasto público dependen el 50% de los empleos creados en el mundo. Cada
empleo creado en el sector público posibilita – por el efecto multiplicador del
gasto público – la creación de 2 empleos en el sector privado.
¿El
gasto social en España es excesivo? En comparación con el resto de países de
nuestro entorno es notablemente inferior: España, 21%; UE-15, 27% y Suecia un
30%.
España gasta 5.526 euros por persona en la protección social y
la calidad de vida de sus habitantes. Esto es 1.938 euros menos que el promedio
de países de la UE-15 y 3.500 euros menos que Suecia. No es por menos que pensar
que España tiene abandonada y desatendida a su población
Algunos
podrían argumentar que tenemos un menor gasto social porque somos menos ricos,
pero, no es así. España tiene un PIB per cápita que alcanza el 93% del promedio
de la UE-15, sin embargo, su gasto social no llega al 74% del promedio de la
UE-15. Si gastáramos esos 21 puntos más, alrededor de 66.000 millones podríamos
crear 5.000.000 de empleos.
El gasto sanitario público español no es
tampoco excesivo, un 5,7% del PIB, se encuentra por debajo de la media europea,
7,8%. Y, muy por debajo del gasto sanitario del sistema privado estadounidense –
que se quiere implantar en nuestro país – que, prácticamente, dobla nuestro
gasto con unos niveles de eficiencia y salud muy bajos.
El gasto
público en educación, también, se encuentra por debajo de la UE-15. En España
invertimos un 4,3% del PIB y en la media europea un 5,1%; en Suecia un 6,8%.
Madrid invierte solo un 2,5%.
Decimos inversión porque por cada euro
invertido en educación España recibe un beneficio de 2 euros y para el conjunto
de la OCDE este beneficio se eleva a 4 euros.
En España,
prácticamente, se han duplicado las tasas universitarias siguiendo el camino de
Reino Unido – colocando a la universidad española entre las más caras de Europa
– con la falacia de que la educación es un gasto y no una inversión. La
intención es favorecer el negocio bancario con los créditos a los estudiantes:
más deuda.
Sin embargo, en otros países europeos como Dinamarca,
Finlandia, Islandia, Noruega, Suecia, República Checa, Austria, Grecia, Chipre,
Escocia, Alemania y Francia; los estudios son gratuitos o tiene un amplio acceso
a las becas de estudio y manutención.
Es importante destacar la
relación entre gasto social y exclusión social, entre exclusión social y fracaso
escolar. Por ejemplo, en España el porcentaje de las familias en riesgo de
exclusión social supera el 30% y el fracaso escolar igual. En Suecia, el fracaso
escolar afecta al 7% de los alumnos y la pobreza al 10% de las
familias.
El abandono a nuestros mayores y a las personas
dependientes es igualmente flagrante. En España, sólo un 2% de este colectivo
tiene atención domiciliaria. En Europa, la media es del 18% y en Suecia el 23%
de estas personas.
Asimismo, la mayoría de las residencias de
ancianos son privadas encauzadas al beneficio monetario – con la consiguiente
merma en la calidad asistencial – y con un coste muy elevado – prohibitivo –
para personas con una pensión que ronda los 600-700 euros.
Otro
argumento que cae por su propio peso es el excesivo gasto en pensiones que en
España se encuentra en el 7,9% del PIB, mientras en la media de la UE-15 alcanza
el 9,5%. Esto se debe a la baja cuantía de las pensiones españolas que mantienen
en la pobreza a un 25% de los ancianos españoles. Más del doble de la media
europea. La importancia de las pensiones es vital, sin ellas un 68% de nuestros
ancianos sería pobre
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