jueves, 18 de octubre de 2012

EL BUENO NO TIENE RECOMPENSA Y EL MALO NO TIENE CASTIGO

Hoy tengo que escribir sobre algo de lo que todos hemos de aprender y es simplemente a creer en uno mismo y saber de nuestro potencial sin caer en vanidades. Las personas tenemos un aguante, una perspectiva de vida y sobre todo unos valores, que normalmente en entornos laborales, sobre todo, son ninguneados.
¿Quién no ha querido cambiarse de trabajo alguna vez?. ¿Quién no ha querido que alguna vez le diesen una palmadita en la espalda y le reconociesen su esfuerzo? ¿Quién no se ha tenido que morder la boca y volver a su puesto más quemado que la pipa de un indio por evasivas e injusticias sobre trabajo?
Uno siempre sabe la vida que ha llevado, lo que ha aprendido, el recorrido efectuado y, sobre todo, sabe de lo que es capaz, aunque a veces cuesta salir de cascarón por motivos familiares, sociales o simplemente por fortuna.
España es un país eminentemente de perdedores, y en ese saco me incluyo, ya que he dado puñetazos en la mesa en mi vida, en pro de mi valía y consciente de mi trabajo y esfuerzo, pero los ibéricos no somos de cambiar de aires, de apostar fuerte por la vida o de reivindicar nuestros derechos. Aquí nos dedicamos más a poner verde al personal pero nunca a implantar nuestra forma de pensar, sobre todo si nos jugamos el sueldo en el intento.
Hechos como el de hoy demuestran que en la vida no es todo dinero, que es necesario, y que uno trabaja por conseguirlo, seguro, y si hace un buen trabajo quiere verlo recompensado en dinero. Siempre recordaré a mi segunda madre que me contó que una vez su jefe le dijo que se sincerase y ni corta ni perezosa le dijo … “Si no hay monedas, la cabra no baila”, y claro, fue despedida, pero no he visto tanta dignidad en tan poco cuerpo.
La dignidad siempre ha de ir por delante, no todo vale. Podemos aguantar, pero somos personitas y tenemos nuestros límites y hay que saber hasta dónde llegar, por muy buenas condiciones que tengamos, ya que si uno no se siente realizado y sobre todo valorado, vale la pena intentar un cambio en la vida, y en este caso, este señor lo ha hecho. Como bien se ha dicho siempre, un trabajo no se mide por las vacaciones que puedas tener, si no por las que realmente necesites, ya que de este modo todo indicará que se está a gusto en el trabajo, y como pasamos media vida en él, más nos vale sentirnos bien y reconocidos.
Muchos años pidiendo ser reconocido. Muchos años desarrollando un producto con un potencial docente y un nivel de uso nunca acorde a la inversión efectuada, por lo poco invertido y necesitado claro, puramente beneficioso por donde lo mires. Alguien que lo da todo y, encima, con buena cara, debe ser reconocido, pero ése el máximo error en nuestro país. Sólo nos damos cuenta de la desgracia cuando ha pasado. Lo peor es que el cántaro ha ido a la fuente tantas veces que se intuía que iba a crujir desde hacía tiempo, pero todos contábamos con que la cobardía del macho pirenáico haría que todo se quedase en su sitio. En nuestra península unos de los dichos más codiciados es “Virgencita, virgencita que me quede como estoy”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario