Vaya, el tema pendiente. Escribo desde Lanzarote. Imposible sustraerse. Intentaré
decir lo que pienso sin hacer, como siempre, de abogado del diablo. Pero temo
que me extenderé demasiado.
He vivido con relativa cercanía la tragedia de
las pateras y el desarraigo que genera en los inmigrantes encontrarse en la
puerta de Europa y ver fracasar sus sueños, mientras su familia al otro lado del
mar los considera unos triunfadores. Recuerdo bien la década de los 90 y la de
los 2000. Los primeros llegaron con pasaporte de turista y eran jóvenes
estudiantes universitarios, trabajadores temporales que gastaban gran parte de
su dinero en libros y volvían a casa tras la campaña, esperando el año
siguiente. Luego, la zona de donde procedo vio llegar las pateras día tras día,
con sus tragedias humanas, con sus historias terribles encima. Empapados y
muertos de miedo y frío, temblorosos por el pánico a encontrarse con la guardia
civil, apostando su desesperación a la piedad y la compasión que pudieran
inspirar en la primera persona que encontraban, agradecidos ante el menor trato
como seres humanos. Pies llagados de caminar descalzos entre las dunas, para
mantener limpios y secos el único par con el que llegaban, envueltos en una
bolsa de plástico, junto a la documentación. Miradas huidizas y temblorosas.
Muchos no sabían leer ni escribir y apenas hablaban un francés o un inglés duro
de reconocer… La tensión hasta que conseguían los papeles, en ocasiones
comprados o falsificados… Los momentos de desesperación, de angustia, las
alegrías, la nostalgia, la admiración, la soledad, la incertidumbre, los
sentimientos encontrados, los sueños inalcanzables, el orgullo que les hacía
dejar de comer para mandar dinero a casa, para que nadie allí sospechara que no
les iba tan bien como ellos esperaban…
Aquí, pese a lo que se ha dicho a lo
largo de los años y de las cosas que han pasado, se los acogió al principio con
el corazón conmovido, con la frase de Virgilio que has mencionado. Hoy me
emociona ver jugar en los parques niños de todas procedencias mezclados entre sí
hablando castellano, grupos de adolescentes de todos colores, un equipo de
baloncesto que parece de la NBA, amigos blancos y negros juntos… Esa es la parte
que no viví… Y he visto gente de fuera arrugar la nariz sorprendida por ver una
mayor cantidad de extranjeros que de españoles por las calles: “Parece África”.
“¿Y?”, pregunto yo. Nadie contesta.
Pero, en aquellos años, todos aquí
veíamos los problemas que se avecinaban, sabíamos que se estaba gestando un
conflicto social, y nadie quiso oírlo. Los gobiernos españoles, los autonómicos,
los estatales, hicieron lo mínimo para tapar el problema, en lugar de plantearse
en serio solucionarlo. Es cierta no obstante la diferencia: los gobiernos
conservadores azuzaron la xenofobia con una mano mientras con la otra se servían
de su mano de obra barata para los trabajos desagradables y de su fecundidad
como herramienta contra la crisis demográfica. Los progresistas intentaron
defender y proteger los derechos de los inmigrantes, con buena voluntad, a
menudo con impericia, siempre tarde. Se cometieron demasiados errores, por
rédito electoral y por dejadez .
Ahora nos enfrentamos a una inmigracion totalmente descontrolada , con mezclas religiosas que condicionan su buena integracion y con una vaca totalmente seca para mantener a todos ..Pinta mal
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