Primero nos dan el caramelo y ahora nos quitan la cartera ..
Desde siempre, las mezclas de las culturas han sido frutos de unos procesos violentos, sea mediante agresiones encubiertas, políticas irredentistas, o malvados experimentos laboratorios de los ávidos del poder mundial quienes, -a sabiendas de que la fusión de culturas es una utopía-, componían países y estados de elementos incompatibles, a fin de crear, mantener e ir ampliando cada vez más el mercado de armas así como las posibilidades de expolio de materias primas.
Y no hay un solo lugar en el faz de la tierra en que el multiculturalismo desembocó en el idilio y la tolerancia, todo lo contrario, en las diferencias étnicas y religiosas, siempre ha radicado un odio latente, unos obstáculos insuperables, ingredientes imprescindibles para aplicar a rajatabla el lema ‘divide et impera’.
Los ejemplos son más que numerosos, Yugoslavia, dos veces compuesta y descompuesta, Líbano, Chipre, Indonesia, países africanos en los que de las dos tribus una siempre es de sobra, los musulmanes en que los suníes y los chiíes luchan por ejercer la supremación unos sobre los otros, hasta en Bélgica, un país europeo, que llevó un largo tiempo sin gobierno, que no pudo formarse dadas las posturas excluyentes de las dos corrientes nacionalistas, aunque pertenecieran a la misma civilización y la misma religión.
Y son muchos los que se preguntan que por qué en el Viejo Continente se experimenta con las cosas ya empíricamente probadas, pues, precisamente por eso, por darles tan buenos resultados estas mezclas artificialmente conseguidas a sus promotores quienes, aplicando la teoría de la cocción de la rana, avanzan lenta pero imparablemente en su conquista del mundo, en la destrucción de la cultura y tradición cristiana e implementación del nihilismo. Todos los santos días en algún lugar del mundo arde un templo cristiano, los feligreses de éstos están expuestos a las matanzas masivas sin que nadie se percate, el fenómeno de cripto cristianismo ya está aquí, en Kosovo se convirtieron en escombros más de cien monasterios ortodoxos, auténticas joyas de la arquitectura sacra de los siglos XI – XIV, con un valor incalculable recogido en las pinturas fresco, y nadie dijo nada, mientras que todos los medios mundiales condenaron la “barbarie” serbia por los daños producidos en el tejado de la principal mezquita de Prístina, construida en el siglo XVII. Y todo esto ante las indiferentes miradas de las fuerzas de la ONU, cuya actividad últimamente se ha reducido en aprobación de guerras e invención de las leyes que subyugan la identidad étnica, cultural y religiosa de los pueblos.
“Déjame crear y controlar el dinero de una nacion y no me importa quien escriba las leyes”, es una de las frases más famosas de Amstel Rotschild, quizás por esto se formó la zona euro, en que, curiosamente, no entró Gran Bretaña, lugar que acuna tantos intereses de este magnate financiero. O, “la clase obrera no tiene fronteras” y, efectivamente, ya no las tiene, cosa que produjo la saturación del mercado laboral europeo cuya consecuencia directa es la bajada del precio de mano de obra a los niveles más insospechados, la pauperización y la proletarización de los países que eran locomotoras del desarrollo económico europeo, y en todo esto yace la semilla de los futuros conflictos, tanto entre la clase burguesa y los “famélicos” del mundo mundial, como en el choque de culturas. Y como todos los follones siempre empiezan por el sur, España, esta puerta abierta a la invasión inmigratoria, será la pieza de dominó primera en caer.
“No hay que dejar ni un solo eje alrededor del cual los blancos puedan reagruparse”, Lenin dixit y, efectivamente, en eso estamos.
En fin, la Unión Europea ha sido la Casita de Chocolate en que, a nosotros, pobres e incautos Juanes y Mariquitas, la pérfida bruja financiera primero nos engordó, y ahora ya es la hora de que nos zampe en dos bocados. Con esta finalidad se nos introdujeron por lo bajinis el cóctel molotov multiculti, así como el de las tensiones entre las diferentes capas sociales que ya están a punto de explotar. Todo esto creado artificialmente y por fuerza, sin contar con la voluntad de los pueblos que, -ahí está la paradoja-, se ven obligados a financiar su propio hundimiento. Quién sabe, puede que Yugoslavia sólo haya sido el ensayo general para Europa , pero el experimento no termino aqui y promete mas sorpresas
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